Aquí estoy, frente a la pantalla, intentando empezar lo que quiero que sea el primer artículo de este blog. Un proyecto personal que llevaba tiempo rondándome la cabeza y que, por algún motivo, he decidido empezar ahora, en 2026.
Llevo muchos años escribiendo. Escribiendo para mí, en notas sueltas, en GoogleDocs que no tienen título. Pero esto, no lo escribo para que tenga sentido ni para cerrar ninguna idea. Tampoco para marcarme objetivos ni prometerme nada para este año. Ya dejé de creer en eso. He aprendido que los propósitos de año nuevo suelen pesar más que ayudar.
Hoy es 1 de enero
Y también es mi cumpleaños. Cumplo 25. Supongo que por eso no tenía mucho sentido no subir el primer texto justo hoy. No como un regalo especial, sino porque este día siempre me ha hecho pensar más de la cuenta. Este primer post no va de empezar nada nuevo ni de marcarme propósitos. Va, simplemente, de escribir sobre lo que para mí significa el 1 de enero y sobre lo que me hace sentir.
Hace ya un tiempo que el 1 de Enero dejó de ser lo que era. Cada vez me gusta menos cumplir años, supongo que a todos. Además, el comienzo de año suele ser motivo de cambios, reflexión y hacer balance de lo que han sido los últimos 365 días. El final de año siempre me deja una sensación rara, cumplir años el mismo día que empieza uno nuevo tiene algo extraño. Es como si el tiempo te pusiera delante dos espejos a la vez. Uno personal y otro colectivo.

El ruido de fuera
El 1 de enero siempre viene cargado de ruido externo. Mensajes, entre ellos, felicitaciones de algunas personas que no esperaba y que, sin saber muy bien por qué, me hacen ilusión. Y muchos otros mensajes que no me dicen nada, aunque vengan acompañados de palabras bonitas. En general todo el mundo parece saber qué quiere cambiar, qué quiere mejorar, qué va a dejar atrás.
No sé qué traerá este año. Ni qué versión de mí llegará al siguiente cumpleaños. Y, por primera vez, no me parece grave no tenerlo claro (aunque algún que otro propósito ya he escrito, para que mentir).
Si este texto lo lee alguien, bien.
Y si no, también.
Simplemente, un 1 de enero más.